martes, 26 de mayo de 2009

Sentimientos que provocan lágrimas…


Sin gracia y en silencio, un año más pasaba a ser parte del recuerdo, pero aquel que iniciaba era diferente. Esta vez mi madre no estaba presente, mi hermano decidió que era primordial tomar una siesta. Se lo perdieron, el momento más grande, se lo perdieron. Solo quedaba ella, mi abuela, ella que nunca falta. Es su culpa. La oscuridad acompañada por las luces de 12 velas, con un canto sin eco. Debía derramar lágrimas, pero llegaba mi turno de apagar las velas. Ella siempre tiene la solución. Me pidió que no llorara, que ella tenía algo para mí. De su armario saco una caja, la puso sobre la mesa, me pidió que la abriera. Y lo hice.

En esa caja encontré mi escape, un teclado muy pequeño. Era de esperarse, mi abuela y su adicción por el sonido que provocaban las pequeñas teclas. Inmediatamente me pidió que lo tocara. Mis pequeños dedos acariciaron las teclas, el sonido era envolvente, provocando la sonrisa de mi abuela. Los dedos me temblaban, y el corazón saltaba al compas de cada melodía.

Interesante sentimiento, las horas pasaron como solía pasar el viento. Un pequeño libro y una gran curiosidad se volvieron mis aliados. Tardes y noches dedicadas. Todo valía la pena. Hazañas incomprensibles, mis dedos se movían sin pedir permiso, el corazón danzaba sin vergüenza. Mozart y Beethoven tocaban sus sinfonías.

A pesar de que estaba sola, quería saberlo todo, quería entenderlo todo. Pero la pasión pudo más que la inteligencia. No quería detenerme a pensar que era un corchete o lo que significaba un compas, era de menos el papel que jugaban las notas musicales.

El tiempo fue pasando y yo fui creciendo, maldita adolescencia incomprendida. Los días pasaban y el teclado se quedaba sin sonido. Ahora otras cosas me parecían interesantes. El teclado se empezaba a llenar de polvo. Esos días se convertían en semanas, esas semanas en meses y esos meses en años.

Así fue hasta hace un año. Cuando me hirvió la sangre, los celos invadieron mi mente. Era mi querida prima, recibió esa misma caja. Absurdo pensamiento ¿Quien me creía? Si yo tengo la culpa, yo lo olvide.

Ahora el pequeño teclado ya no funciona, sus teclas ya no suenan, mis dedos ahora me responden. La pasión ha regresado, pero ya no lo tengo. Hice una propuesta loca, pedí una nueva oportunidad. Converse con mi madre, esperaba que ella comprendiera. Pero como lo haría si ella nunca se dio cuenta. Obviamente su respuesta fue no ¿Porque gastaría su preciado dinero en un teclado?

Ahora recuerdo esos sentimientos, aquellos que provocaban risas y una danza maliciosa al corazón. Ahora ya no son más que sentimientos que provocan lágrimas de impotencia. Pero no me resigno a no tenerlo, no lo he de olvidar de nuevo. Esperare con ansias nuestro nuevo encuentro.

No hay comentarios: