lunes, 31 de mayo de 2010

Una pregunta, con una posible respuesta




“Porque todo lo que es nacido de Dios
vence al mundo; y esta es la victoria
que ha vencido al mundo, nuestra fe”
1° Juan 5:4




Este ensayo nace con la aspiración habitual del descubrimiento de la verdad, frente al cuestionamiento de la fe y de la ciencia. Ante la incertidumbre de qué creer y a quien créele.

Como ser pensante, el ser humano se vuelve dependiente de la búsqueda de un ser espiritual mayor, lo cual le lleva a elaborar un ser supremo, lo que sería la solución predilecta a su búsqueda. Otros dependerán de la mera búsqueda de la realidad.


Como agua y aceite, así se muestra el escenario de una relación conflictiva, entre la ciencia y la fe religiosa. Rodeadas de un aprieto exclusivamente ideológico, estas parecieran encontrarse en una batalla constante. Los científicos y filósofos se muestran escépticos ante la creencia de un dios todopoderoso, creador del mundo y de quienes lo habitan.

Y como era de esperarse, los creyentes y la iglesia se muestran aprensivos ante la verdad absoluta que ofrece la ciencia. ¿Quién tendrá la razón?

Por su propia cuenta, ninguno ha podido imponerse sobre el otro. La ciencia contemporánea sigue pensando que la fe es innecesaria, llegando a tacharla, en ocasiones, como un impedimento para el desarrollo del ser humano. La iglesia por lo contrario, sigue pensando que la Santa Biblia es la que proporcionara la respuesta perfecta a todos sus problemas, evitando así, una investigación o un resultado que determine lo contrario.


Con un tinte un tanto irónico, Mariano Artigas, sacerdote y filósofo español, plantea una realidad muy distinta en “Ciencia, razón y fe”, uno de sus libros más recientes. En este, expone una relación paradójica de dependencia entre las partes y expone que realmente no debería existir un conflicto sino un aporte de ambos hacia la búsqueda de la verdad.


Un concepto comprensible y de alguna manera muy conveniente, a sus creencias personales. En este caso, en particular, la ciencia contemporánea dependería del cristianismo más de lo que muchos podrían deliberar. Grandes pensadores, genios y filósofos como Copérnico, Galileo, Newton y Keplers, conocidos como grandes bases de la ciencias actuales; representan una sátira, ya que estos mismos también fueron distinguidos por ser cristianos convencidos.


Cargado con una fe notoria, Artigas nos expone hechos muy convincentes sobre la que él llama “la historia real”, como una contraposición a la historia del origen de la ciencia planteado por Carl Sagan en su serie cosmos.

<<>>1, planteaba Sagan.

Apoyado por pensamientos como el del astrónomo y matemático Johannes Keplers, Artigas explica que las ciencias no habrían logrado ser posibles sin el deseo de un ser supremo. <> , citaba a Keplers.


Artigas no solo apoya la idea de Keplers sino también cuestiona la fiabilidad de la ciencia, tildándola de no ser autosuficiente y de ser omnicomprensiva.


<<>> , explico Artigas refiriéndose a fiabilidad real de la ciencia.


La existencia del espíritu y su unión con la materia es otra de las pruebas presentadas en el texto. En este fragmento el autor revela que la ciencia no es capaz de comprobar la verdad de lo que él llama como “una unión misteriosa” entre la materia y el espíritu.


Artigas nos presenta un concepto nuevo de la ciencia, y prueba sus convicciones al acusar a los pseudocientíficos que creen tener la respuesta a todo. Recordándoles que incluso aquellos indiscutibles genios fueron capaces de admitir que eran parte del descubrimiento de la verdad, no de la sumisión de ella.


El autor expone un tema muy complejo, pero al mismo tiempo muy común. Una problemática que enfrentamos todos los seres humanos, el de determinar quiénes somos, qué somos, en qué creemos.


Este concepto se perfila como una opción más a tomar en cuenta, en la cual ya no sólo se habla de dos instituciones separadas sino de una, poseedora de una mente abierta y libre. De una fe y de una creencia.

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